
QUIÉN SOY
Soy Johnny
El baile me ha hecho viajar y conocer a personas que han dejado huella en quien soy hoy.
Detrás de cada clase, hay un poco de mí.
Todo empezó así
Crecí en Mantua, en una familia donde la música y el baile formaban parte de la vida diaria. De niño, las salas de baile eran mi mundo.
A los trece años, una invitación de mi prima me hizo descubrir el Country Line Dance. La pasión nació enseguida y di mis primeros pasos con Tex y Arizona, mis primeros profesores. Fueron ellos quienes me dieron el apodo de Johnny, con el que todavía hoy me conocen las personas que encuentro en la pista.

Encontrar mi voz
La primera gran emoción llegó poco después, en el Voghera Country Festival, al participar en el proyecto United Countries de Adriano Castagnoli. La energía de cientos de bailarines y la sensación de formar parte de algo tan grande me acompañaron durante mucho tiempo, también fuera de la pista.
Aquella experiencia me hizo desear transmitir a los demás la misma emoción que yo había sentido. Así creé mi primera coreografía, Stay Up, con Stay Stay Stay de Taylor Swift. En ese baile se encontraban mis raíces en el country tradicional y la pasión recién nacida por el Catalan Style.
En 2013 presentamos esta coreografía en el Tacchino Hat Line Dance Trophy, donde nuestro equipo consiguió el segundo puesto. Compartir ese resultado con el grupo me dio la energía y la motivación para seguir creando.
Desde entonces descubrí una manera muy mía de expresar lo que sentía en la música y el placer de compartirlo con los demás.

Primero una familia, luego un escenario
El siguiente paso, con solo dieciséis años, fue fundar mi escuela, el Dorado Ranch Country Dance, donde enseñar y crear coreografías se convirtió en mi camino. En esta aventura me acompañaron amigos que han sido, y siguen siendo, una familia para mí.
Dos años después tuve la ocasión de llevar esta pasión más allá de las fronteras italianas, gracias a mi primera invitación como profesor a un evento en el extranjero: el Country 4 Friends en Austria.
Tengo que agradecer a Mario y Lilly Hollnsteiner que me dieran esta oportunidad y que sigan apoyando mi camino todavía hoy.

Aprender más allá del country
El deseo de ampliar mis conocimientos me llevó a trabajar como instructor en el Arthur Murray Dance Studio de Brescia, donde profundicé en los bailes de salón y las disciplinas latinoamericanas. Conocer estilos distintos del country enriqueció mi forma de moverme y de sentir la música.
La formación continua de los instructores incluía también las metodologías de enseñanza, las distintas formas de aprender y la relación entre profesor y alumno. Esta experiencia cambió mi forma de enseñar y me ayudó a conocer mejor a la persona que tengo delante: encontrar las palabras adecuadas, respetar sus tiempos y construir una relación de confianza.
El trabajo diario en las clases individuales me enseñó a descomponer los movimientos más complejos y a hacerlos accesibles. Es un cuidado que sigo poniendo hoy en cada clase.

El baile como lenguaje de conexión
El country sigue siendo mi raíz, pero cada experiencia ha añadido algo a mi forma de bailar, crear y enseñar, y ha ayudado a dar forma a mi estilo. Catalan, Traditional y Modern forman parte de mi camino y siguen siendo tres maneras distintas de dar voz a mis emociones, cada una con sus matices.
La música me guía y las personas dan sentido a lo que hago.
Hoy sigo llevando mi pasión a los workshops y a los eventos. Me gusta compartir lo que he aprendido y ver cómo una coreografía cobra vida a través de quien la baila. Es en esos momentos cuando la música y el baile nos unen.

Retratos de la sesión · Matteo Bandinu Photo